#BloGotá Relatos Urbanos

Por: Julián Grondy.

Esta historia de la estación de la Calle 40 Sur, donde muchas personas pasan como rebaños, donde muchos encuentros quedan marcados; es la historia que cuenta cómo la  ciudad nos muestra su fauna mezclada con el placer onírico y a su vez entrelazado con lo que se conoce como “viajar sin moverse”.

 

10:11 p.m.: estoy en la estación de transmilenio, espero sin prisa pero ansioso el bus que me llevará a casa. Mientras, me pregunto cosas que solo mi mente nublada por feromonas y otros tóxicos amorosos lograría pensar .

 

Ha llegado, abordo el transmilenio con cierta desconfianza, el cansancio es tan grande que no me importa quién o qué aborde el transporte, empieza el viaje. Ocupo mi habitual silla ubicada en la segunda hilera del lado derecho, donde la vista es más elevada y no permite que me golpee la cabeza cuando la reposo sobre el vidrio. Llego a la primera estación, han subido 2 señores, algo contentos, algo tristes. El bus ha arrancado, a través de la ventana  veo la noche oscura de Bogotá, no hay demonios visibles solo animas, cargando en su espalda cartón y lamentos, veo gente, que mira gente, y la mira de manera especial como si su entorno solo fuera el escenario de la más idílica canción de tango romántico.

 

Han pasado 40 minutos, estoy en la estación Calle 45, entran algunos estudiantes de universidad en la parte posterior del bus, contentos por algún acontecimiento reciente. Entre el sueño y la cordura escucho que decía alguien mi nombre, ¿lo habré soñado? Veo la penumbrosa Bogotá con seres peregrinos en cualquier parte, las luces de neón que se ven a lo largo de las calles anunciando su condición de seguridad hacen parecer que  todo lo que uno necesita está en ese sitio. De repente llega ella, ese ser del pasado traído al presente, no contaba que me encontraría con ella, hablamos tanto, fue poco el tiempo pero largo el recuento de nuestras vidas.

 

Llegué por fin al paradero. Ella por afán o por descuido deja su bufanda, la tomé y la usé, sabía que era mejor sentir una parte cálida de ella, que un frio total. He llegado a casa, solo una pregunta antes de dormir es lo que me separa de estar allá y salirme del acá, ¿viajaré con una silla vacía mañana?

Abro los ojos y estoy en la estación de la Calle 40 sur, donde muchas personas pasan como rebaños, donde muchos encuentros quedaron marcados. Esta es la historia que cuenta como la  ciudad nos muestra su fauna mezclada con el placer onírico y a su vez entrelazado con lo que se conoce como “viajar sin moverse”.