Los niños no juegan para aprender, pero inconscientemente aprenden jugando.
El juego permite aceptar nuestros errores para así darles una solución; al enfrentar situaciones complicadas, los niños se dan cuenta que tienen la libertad de tomar sus propias decisiones; a partir de la diversión, también logran asimilar más rápido conceptos teóricos, pues se estimula la atención, la memoria, la imaginación, la creatividad y el razonamiento lógico.
Además, se fomentan habilidades sociales, se aumenta la motivación y la responsabilidad, y se disminuye la vergüenza. Estos momentos de esparcimiento, proporcionan placer y felicidad. Cuando la persona está relajada y contenta, las neuronas del aprendizaje se activan.
Según Claudia Hernández, directora del Centro de Estimulación Listen Look and Feel, “los niños aprenden mejor, cuando interactúan con otros, ya que tienen la oportunidad de desarrollar los conocimientos a través de ejemplos o juegos y no cuando deben memorizar conceptos teóricos que, tal vez, nunca pondrán en práctica”.
Por eso, al mejor estilo de GO, resaltamos algunas de las actividades extracurriculares que más favorecen a los niños a la hora de aprender jugando.
Esta es una de las actividades más escogidas por los infantes. Es ideal para el desarrollo verbal y corporal, estimula la capacidad de memoria y agilidad mental.
Mauricio Goyeneche, director de la Escuela de Actores Compañía Teatral Goyenechus, en entrevista para GO asegura que, “las instituciones educativas incurren en el error de sacar las artes del currículum, y cuando las personas salen a enfrentar el mundo, carecen de destrezas básicas como mirar a los ojos y expresarse con fluidez”.
Para este actor, de amplia trayectoria y magíster en docencia, el teatro también les enseña a los niños a escuchar, a abrirse espiritualmente, a ser mejores personas y generar relaciones humanas adecuadas.
Por su parte, la música estimula la inteligencia, al mejorar la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.











